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MIRACHE

27 de Diciembre, 2007, 7:15: MIRACHEGeneral

Piso 16

[Carlos Dueñas Aguado]

La salida del trabajo siempre es un evento feliz y mientras caminaba en busca de mi auto pensaba en mi día completo subiendo y bajando, desafiando las leyes de la gravitación universal. No quiero ni pensar que pasaría en el momento que se rompa un pinche cable de esos que sostienen la caja del elevador. Caer con la aceleración de la gravedad no tiene madres. Por cada segundo aumentar la velocidad en 9.8 m/s. ¡No mames! 25 pisos, de 3.5 metros cada uno, son 87.5 metros de altura. ¡Pa"su mecha! Con ese aumento de velocidad llegaría a la parte más baja en 4.22 segundo lo que representaría chocar contra el piso a 41.43 m/s. ¡Órales! casi a 150 km/h. Es como convertirme en una calcomanía empotrada en el suelo del cajón del elevador. Si los dueños de los hoteles pensaran en esto, deberían pagarnos un seguro especial por peligrosidad. Pero bueno, confiemos en que los elevadores son seguros. Se traban, se quedan entre dos pisos, pero de ahí a que se parta un cable… Mejor no pienso en eso. Y en efecto dejé de pensar en los odiosos elevadores cuando mi celular me sacó de la mecánica clásica en que estaba sumergido.

― ¡Que sorpresa! ¿A qué se debe el honor de esta llamada?

― Es que hoy no me toca ir trabajar y me gustaría que me hicieras un favor. Necesito que vayas al piso 16. En la habitación 1640 hay una amiga que acaba de entrar al hotel pero se va muy temprano y me trae unos papeles que son muy importantes para mí. ¿Pudieras pasar por ellos?… Chebo, ¿Ya saliste del hotel?

― Estoy en eso, justamente acabo de pararme en el semáforo de la esquina. Pero no te preocupes, me regreso.

― Gracias Chebo.

Algo no me olía bien, las habitaciones con terminación 40, del piso 15 hacia arriba, eran las más grandes. Ahí hospedaban a personajes importantes, famosos o familias numerosas, que por supuesto, pudieran pagar el costo de la misma. Era una especie de apartamento de dos habitaciones y un "family room" muy amplio con un enorme ventanal que daba a una terraza desde la cual se podía disfrutar una vista espectacular de toda la ciudad. Eran, sin duda, un derroche de lujo al mayoreo.

Me sentí extraño, por primera vez subía el elevador no como el atento y carismático botones que trataba de sacarles historias a los huéspedes. Ahora estaba intrigado. ¿Eran tan importantes esos papeles? ¿Por qué su amiga no podría dejarlos en la recepción para cuando ella llegara se lo dieran? En fin, ahora el elevador se mostraba distinto. Su velocidad uniforme parecía envolverme en un océano de suposiciones. Sus plateadas paredes reflejaban mi preocupada imagen.

Caminé lentamente hasta el fondo del pasillo y toqué a la puerta. Sentí una voz femenina que me gritaba: "Entra y espérame un segundo por favor" Su voz se sentía un poco lejos. Entré y me senté en un cómodo sofá que daba la espalda a las puertas de las habitaciones.

Pasaron los segundos más largos de mi vida. Pero toda espera tiene alguna recompensa. Diez minutos más tarde, dos manos que atacaban por mi retaguardia y aún frías por el agua de un gratificante baño, taparon mis ojos y una voz casi susurrante al oído me indicaba que me pusiera de pie sin voltearme. La intrigante mujer se me colocó por detrás y empezó a besar cada palmo de lo que estaba descubierto de mi cuello, mientras sus hábiles dedos maniobraban en cada botón de mi camisa dejando mostrar mi abdomen y mis pechos. Poco a poco fue recorriendo mi camisa y sus labios dibujaban ternuras en mi espalda.

Sumiso y casi sin aliento me deshice de todo lo que poseía encima y fue ahí cuando permitió que me volteara hacía ella. Ante mis ojos su cuerpo desnudo ya posaba y la frágil mujer que conocía, se mostraba cual vampira dispuesta a vaciarme toda el alma.

Lo que pasó en la cama, no es parte de esta historia, sólo me complaceré con decirle que fue una batalla campal. Sus casi 40 años vs mis 25 no fueron obstáculo para que yo dejara mostrar mis novatas técnicas sexuales y me dejara seducir por los encantos de tal experta ninfómana encubierta.

Dos horas mas tarde, reposando cual dos guerreros que recuperan su aliento, nos dispusimos a comentar lo sucedido.

― María, no puedo negar que estuvo bien la técnica de tu engaño. "Sube al piso 16 y ahí estará una amiga…" ¿Cómo no se me había ocurrido, que quien sabe quien duerme en cada cama de este hotel, puede saber de cual habitación disponer para hacer sus fechorías?

― Piensas mal Chebo. Yo sería incapaz de disponer de una habitación de este hotel sin estar autorizada para hacerlo. Lo que sucede en realidad es parte de una historia que prefiero que no sepas…

― Me desconcierta tu osadía. Hace dos días cuando me piropeaste vilmente al preguntarte ¿para qué soy bueno? me dijiste que eras una mujer casada. Ahora prácticamente me secuestras y acabas de decirme que prefieres que no sepa tu verdad… creo que no es justo María.

― Nunca te fíes de todo lo que dice una mujer. A veces cuando decimos que somos felices, simplemente representa lo que anhelamos ser y no tenemos. Solamente confesamos nuestras verdades cuando estamos borrachas o en la cama. Chebo, yo no soporto a mi marido. Hace años comparto esta misma habitación con un señor muy especial en mi vida. El viene una o dos veces al mes y hoy era ese día especial que me hace renacer del pinche estereotipo en el que navega mi vida. Pero desgraciadamente, unos minutos antes de llamarte, había colgado con él y me dijo que se había complicado, que su esposa había caído en cama por una fractura del fémur y que le era imposible venir. No tuvo la delicadeza de avisarme desde temprano, porque había estado en el hospital ya que tuvieron que operar a su mujer… perdóname, la rabia me ganó y no sé porque motivos, aunque creo haberte mostrado aquí en la cama que no eres indiferente a mis deseos, te llamé para darte esta sorpresa.

― Así que soy marioneta de una mujer despechada.

― No digas eso. La verdad tienes algo especial que me atrae de ti. No sé si es que tienes un gran parecido con este hombre que ha salvado mi vida, pero te repito, me gustas mucho.

― María, prefiero que me cuentes el porqué ya no soportas a tu marido.

― Chebo, la vida rutinaria mata cualquier relación. Mi marido es el clásico marido mandilón, él cocina, se ocupa de todas las actividades de mi hijo en la escuela, va a las comidas que organizan las madres que no trabajan y viven de la vida social. Le encanta pertenecer al comité de padres de familia, organiza las pastorelas y actividades en fechas festivas, le encanta estar al pendiente de todo lo que debería hacer yo. Es como una inversión de papeles. Yo me asfixiaba en la casa y un día me rencontré con este señor y bueno, esa es otra historia. Mi vida pareció tomar sentido y mes por mes nos entregamos y damos lo que cada uno espera del otro. Cada vez que podemos, me invento un turno de noche y vivimos en este recinto, lleno de vida, de imágenes y de placeres sin límites.

― ¿Y tú marido?

― No me importa. No me divorcio porque no iré a ningún lado. Este señor me ama tanto como yo a él, pero nunca abandonará su familia. Estoy resignada a sentir placer a intermitencias, pero gozarlos y vivirlos con intensidad.

Me quedaba muy claro el tipo de vida que María había decidido vivir en nombre del amor. Digo, si es que a eso puede llamársele amor.

María se levantó y fue por dos copas de Champagne. Me invitó para hacer un brindis, y luego me pidió que me fuera.

― Fue una faena inolvidable. ― Me dijo al despedirse en la puerta.

Comprendí que podía ser una despedida sin regreso. María no estaba dispuesta a engañar una vez más a ese hombre que la había dejado plantada.

Tarde en la madrugada llegué a mi casa. Me espantó el desorden, pero ya me estaba acostumbrado. Una señal de mensaje en la contestadora me hizo dirigirme hacia ella.

"Hijo, hoy tuvimos que internar a tu madre. Tuvo un pequeño accidente y se fracturó el fémur"

― Hijo de puta ― fue lo primero que salió de mi boca. ― Por eso no viniste a cogerte a María.

27 de Diciembre, 2007, 7:09: MIRACHEGeneral

Piso 3

[Carlos Dueñas Aguado]

 

¡Ah… qué cosas tiene la vida! Pinche gente que se piensa que los que trabajamos cotidianamente en un hotel no nos damos cuenta de cuando están cometiendo un delito de infidelidad. Carajo con la cantidad de hoteles que hay en la ciudad y que siempre vengan aquí, el mismo día de la semana y a la misma hora. Él llega a las 3:00 p.m. como relojito y se registra con el nombre de Haroldo Santoscoyo, pide la misma habitación, llama al botones que esté de turno, que casi siempre soy yo, y me pide que lo acompañe a la habitación, se la abro y después que me da su acostumbrada propina, regreso la llave a la recepcionista y a la media hora, puntual como toda una inglesa, llega una elegante rubia, despampanante en cuerpo y apantallante en belleza, va a la recepción, se identifica como la Sra. Santoscoyo y toma la tarjeta electrónica que abrirá paso a varias horas, al parecer de placer, y después de mirar para todos los lados y cerciorarse que nadie la sigue, se retira su anillo de compromiso, lo guarda en su cartera, se dirige al elevador y ojos que la ven subir, casi nunca pueden ver cuando baja.

La verdad me da mucho coraje y al mismo tiempo me siento culpable, cómplice, bajo, ruin. Yo creo que ella disfruta que se den cuenta que le va a poner los cuernos al marido. También él se vanagloriaba de sus éxitos, maldito infeliz, siempre que me daba la propina me decía “Cuando la veas que ya se sube al elevador, me echas una llamadita” y ahí iba yo como pendejo, tomaba el teléfono y le marcaba “Ahí va tu palomita adorada”.

Cada jueves era el mismo juego. Les juro que me daban ganas de salir corriendo a avisarle a su esposa o el marido de ella. Ambos tal vez estaban ajenos a toda esta traición y estos dos divirtiéndose de ser adúlteros enmascarados en personajes importantes. Sentía ganas de gritarles en medio del vestíbulo y que todo el mundo se enterara.

Y justo ayer, me dije que tenía que hacer algo. No podía seguir jugando al celestino imaginario que contribuía a la felicidad de dos, a cambio de fomentar la traición y la deslealtad a sus respectivas parejas.

A las tres llegó el pinche viejo rabo verde, y como siempre, después de su rutina me llamó. Entramos al elevador y sin pensarlo dos veces lo ataqué.

― Señor Santoscoyo, ¿No le da vergüenza traicionar a su esposa, con una mujer que sin escrúpulos se quita su anillo de compromiso desde que entra a este hotel?

― Muchacho, ¿que sabrás tú de la vida?

― No sabré mucho, pero lo que sí sé, es que no es justo lo que ustedes hacen.

― Chebo, eres muy joven. La vida a veces nos obliga a tomar decisiones en nombre del amor, aunque esas decisiones puedan parecer equivocadas para otros. ¿Sabes tú realmente si esa mujer a la que has llamado inescrupulosa, es feliz en su matrimonio? ¿Sabes tú qué pasa con mi vida matrimonial? ¿Te crees lo suficientemente pulcro para juzgar a las personas sin saber en realidad de qué estás hablando y que causa estás defendiendo?

― Perdóneme señor. La verdad siento mucha rabia, pero usted tiene toda la razón. Soy un estúpido. ¿Quién soy yo para juzgar la vida de nadie? Allá ustedes con sus porquerías.

Salimos del elevador en el piso 3 y como siempre lo acompañé hasta la habitación. La misma de cada jueves. Después de abrirle la puerta, el distinguido señor Santoscoyo me miró fijamente. Había firmeza en su mirada, pero en el fondo pude percibir una infinita ternura contendida.

― Muchacho, me impresiona tu valentía y tu honestidad. No son muchos los jóvenes hoy día que defienden con valor sus ideales. Y la verdad me gustaría recompensarte fuertemente.

― Señor, le juro que hoy no quiero propina.

― No es propina lo que quiero darte. Quiero invitarte esta noche a mi casa para que tu mismo juzgues con tus propios ojos, si esto que estoy haciendo no es verdaderamente necesario. Otra cosa… no vayas a ir solo, invita a tu novia o a tu enamorada.

Y terminando su solemne discurso, sacó una tarjeta de presentación y me la entregó.

― Te espero a las ocho de la noche en esa dirección. No faltes por favor.

Tomé la tarjeta y le di la espalda sin pronunciar palabra alguna. Como un autómata bajé por el elevador, dejé la llave y esperé pacientemente a que llegara su amante. Una vez más la misma rutina y mi llamada fue la señal que esperaba desde su cueva, un cazador bien emplazado, asechando a que llegara su presa, para clavar en sus entrañas el filoso dardo que ya apuntaba desde su ballesta.

 

II

Me llené de valor y usando la flamante tarjeta de presentación como un pretexto para invitar a Laura y al fin declararle mi amor, llegamos a la dirección indicada, y a la hora precisa. Una sirvienta muy bien uniformada nos abrió la puerta y nos anunció ante el señor Santoscoyo quien ya venía a nuestro alcance.

― ¡Qué bueno que vinieron!

Nos indicó el camino y fuimos directo a la terraza en donde ya estaba arreglada una mesa justamente para cuatro personas.

― Alicia, ya puedes disponer la cena y avísale a la señora que ya llegaron nuestros invitados.

Por un momento sentí ganas de decirle “descarado” pero me contuve. No quería armar ningún show fuera de tiempo ni de espacio. Además estaba con Laura quien ajena a todo se comportaba de una manera muy natural.

Mi asombro se desbordó cuando apareció la Sra. Santoscoyo. Mi cuerpo empezó a temblar y un sudor incontenible empezó a brotar de mi frente.

Caminaba con cierta altanería pero, sin dudas, le hacía lucir más hermosa de lo que indiscutiblemente era la despampanante rubia. Saludó y se sentó al otro extremo de la mesa. Tomó la bolsa que colgaba del espaldar de la silla y sacó su anillo de compromiso. Mientras se lo ponía se dirigió sonriente hacía mí.

― Chebo, no te asombres porque sepa tu nombre, pero lo importante es que hoy, mi marido y yo, cumplimos 10 años de casados. Y el éxito de nuestro matrimonio ha estado en que todos estos años, nuestra lucha siempre ha sido en contra de la rutina. De no caer en una relación aburrida y hace justamente cinco jueves, jugamos a los esposos traicionados y nos divierte tanto como la gente intenta juzgarnos…

El Sr. Santoscoyo la interrumpió y se dirigió hacía Laura.

― Señorita, si aún no le ha dicho que sí a este joven, no lo piense más, es todo un caballero.

 

20 de Diciembre, 2007, 19:14: MIRACHEGeneral

Piso 25

[Carlos Dueñas Aguado]

Ya me siento completamente adaptado a mi trabajo. Es increíble, pero por primera vez a mis 25 años he aprendido que no existe un empleo mejor que aquel que hacemos con amor. Quizás un poco rutinario, pero en mi primera semana de trabajo me siento feliz.  El hecho de dejar mi auto a casi un kilometro del hotel y caminar al despertar de una mañana por una ciudad llena de autos y chocar con las personas que sólo piensan en marchar rápido porque todo lo tienen calculado, es impresionante. Un simple entretenimiento implica perder el metro que acostumbran a tomar en el horario preciso. Nada cabe en sus mentes, ni un tropezón no calculado, ni un saludo prolongado, ni un café fuera de tiempo, ni el lujo de perder esa luz roja que les permite cruzar al otro lado de la ancha avenida. Y entre ellos estoy yo. Creo que soy el único que camina sin preocupación en medio de un mar de gentes que desde que despiertan ya viven un inherente estrés que agrede sus arterias, que perfora sus neuronas, y destruye su yo interno.  Esta ciudad parece estar en un estado de autofagia social. Pero yo no me inmuto. Nada me molesta, nada altera mi ligero paso, mi placentero andar y mis neuronas sólo buscan eslabonar la nueva historia a escribir o en el peor de los casos, recrear su imagen en mi mente.  Su tierna imagen. Laura, quien sin ni tan siquiera saberlo o proponérselo, ha echado una semilla la cual ya empezó a germinar en mi corazón.

 I

― ¡Chebo! ― Me llamó la recepcionista que estaba a punto de terminar su turno.

― Sí María. ¿Para qué soy bueno?

― Bueno, si te digo para que eres bueno, de seguro piensas mal de mí ― dijo en un tono jocoso, cosa que me sorprendió porque con ella solo había cruzado las palabras suficientes y necesarias. «Ve a tal lugar, a la habitación más cual, del piso tal». Y ahora la sentía atrevida y coqueta.

― María no sé que bicho te habrá picado en tu turno nocturno, pero me agrada conocer tu sonrisa.

― Digamos que después de una noche en vela, sentir ese olor con el que amaneces, me desinhibe para decirte lo que pienso.

― ¡Umm! entonces más que un piropo, lo tengo que tomar como una declaración matutina.

― No Chebo, no es para tanto. Soy una mujer casada, pero también sé admirar lo bello del ambiente. Digamos que soy ecologista. No todo en esta ciudad es smog, ni ruido, ni asaltos, ni violencia. También hay colirios naturales. Y la mujer que no sepa reconocerlo, es porque no le corre sangre por sus venas.

― Aceptada la respuesta. Lo sorprendente no es que existan mujeres que sepan, como dices, reconocer que hay cosas que le gustan, sino encontrar aquellas que son capaces de decirlo. Eso habla muy bien de ti.― sonreí ahora dejando ver mi mente. Estaba seguro que María había leído mis pensamientos. Ella también sonrió y me limité a repetir la pregunta. ― Entonces, ¿me vas a decir para qué soy bueno?

― Digamos que por ahora, sólo para subir este equipaje al piso 25, a la habitación 2532.― dijo con una picara sonrisa.

― Espero que en otro momento sirva para otra cosa, pero… ¿Y se puede saber quien sale de viaje con 7 maletas? Me imagino que sea una familia numerosa.

― Te imaginas mal. Son de esa señorita que viene con el nuevo gerente.

Antes de que llegaran al lugar donde yo estaba parado, corrí a buscar mi carro maletero y subí como un bólido todas las maletas sobre el. Me adelanté y apreté el botón rojo que avisaba al elevador que debía bajar o simplemente abrir su puerta.

La chica llegó junto a mí y después de un cordial "buenos días" me dijo en un tono muy jovial. "Al piso 25 por favor". ¡Qué voz! Estaba seguro que no habría hombre en el mundo que se resistiera al encanto emanado por esa delicada, dulce y provocativa voz. Y para mí era mucho más difícil. Subir tantos pisos con esa mujerona al lado, era una real tentación. Al menos debía decirle algo. Pero tenía mucho miedo, se imaginan que piensa una elegante mujer de sociedad ― al menos era lo que parecía― si un botones de un hotel le suelta un piropo. Ya me imaginaba su respuesta. "no estás a mi altura" o "no me hagas reír". O en el peor de los casos que le diera las quejas al nuevo gerente y se armara la de Juan Quinquín en Pueblo mocho.

― ¿Viene por muchos días? ― fue lo único que se me ocurrió preguntar para romper el hielo.

― Sí, creo que vengo a quedarme.

― Y bueno, si no es indiscreción… ¿Piensa vivir en este hotel? Digo… es un excelente hotel, pero así como para vivir de por vida, se me hace un gasto demasiado grande.

La tiposa mujer se empezó a reír a carcajadas.

― ¿Cómo crees? No, sólo voy a pasar unos días hasta que me case.

― Ah… mire usted. ¿Por eso se le ve el rostro tan alegre? ¿Así que se va a casar? Pues permítame felicitarle por Adela.

― ¿Y quien es Adela? ― me preguntó muy intrigada y contrayendo el seño.

Ahora fui yo el que me esparramé en una carcajada.

― Por Adela es una expresión que quiere decir… por adelantado. ― Ahí cambió su rostro y también estalló en risas.

― Eres muy ocurrente. ―terminó diciéndome.

Ya íbamos por el piso tercero, así que todavía me quedaba un buen tramo para sacarle algo de su historia.

― Siempre es bueno casarse. Debe ser usted una mujer muy feliz. Es guapa, se ve de clase, así que debe haber encontrado un afortunado hombre que además debe ser muy guapo. Las mujeres de su talla no se enamoran de cualquiera.

― ¡Qué cosas dices! A veces las apariencias engañan. Sí, sí estoy feliz, pero he pasado por una etapa muy traumática en mi vida y por fin ya todo parece haber llegado a buen término.

― ¡Umm! Las cosas de los ricos… esas cosas nada más las entienden ustedes.

― No creo que sea algo exclusivo de los ricos. Siempre que hay una relación de dos y el corazón te traiciona, hay problemas, aunque esos dos sean pobres.

― En eso tiene toda la razón. Dígamelo a mí que ando medio alborotado porque una mujer me ha movido el tapete y no sé como se lo voy a decir.

― ¿Cómo qué no sabes como decírselo? En realidad eres un hombre muy guapo y no creo que ella se resista a tus encantos.

― ¡Oh…! creo que empezaré a creérmelo, hoy es la segunda vez que me lo dicen y todavía el sol no calienta como debe… ― ya el elevador iba por quinto piso y debía apurarme. Así que no lo pensé dos veces. ― Lo que en verdad no me cabe en la cabeza es que una mujer como usted haya tenido una relación traumática. No, no me cabe.

― Hijo, en el corazón nadie manda. El muy canijo hace lo que le da la gana y cuando menos una se lo espera… ¡pum! Te da una sorpresa. Mi historia es muy larga, pero te la puedo resumir en lo que llegamos al piso 25. En realidad mi belleza es inversamente proporcional a lo que he andado en la vida. Sólo he tenido una pareja sentimental que conocí cuando entré a la universidad. Para mi suerte o mi desgracia, me dio clases justamente en el primer semestre. Ahí ya sabes, me enamoré como se enamoran los estudiantes. Me volví una pendeja. Era ese tipo de amor en la que una se entrega sin pensar en nada ni en nadie. Esa relación me causó problemas con mi familia al extremo que mi padre me dijo "O terminas con tu pareja o te vas de la casa" y ¡pum! La rebelde sin causa, ya sabes, una manda todo al carajo y se abre paso en la vida aún nadando en contra de la corriente. Me fui al carajo, mis padres dejaron de hablarme y hasta ayer he logrado que me escuchen por teléfono y si Dios lo quiere estarán presentes en mi boda que será dentro de una semana.

― Ah… creo que ya empiezo a entender. Usted no se va a casa con el mismo que le dio clases en la universidad.

― No, me casaré con otra persona, con la cual he vivido una relación a escondidas durante estos últimos dos años.

― Perdón que sea tan directo, Pero, ¿quiere usted decir qué…?― La elegante señora me interrumpió.

― Sí, que no te de vergüenza preguntarlo. En realidad traicionaba a mi primera pareja. Fue algo que no me lo propuse, pero no pude evitarlo. Fue una relación muy linda y de la cual tuve muchos beneficios. No te imaginas cuanto me ayudó. Cuando terminé la carrera, fue fundamental en mi vida. Desde a finales del segundo semestre ya vivíamos en la misma casa, compartíamos todo, la renta, la comida, bueno quiero decirte que aunque mis padres no me hablaban, nunca dejaron de depositarme dinero en mi cuenta hasta que terminé la carrera, compartíamos la misma cama, y formamos una relación en la que puedo decir que fui la mujer más feliz del mundo. Cuando acabé mis estudios, me consiguió un buen empleo, me asesoraba en todo y gracias a lo mucho que me ayudó e hizo por mí, hoy soy la mujer que soy. Una mujer que conoció el éxito y el dinero al convertirse en una autentica empresaria. ¡Qué puedo decirte! Vivimos 10 años en pareja, pero como te dije, desde hace dos años conocí, por azares del destino, a Don Manuel y empezaron mis enormes y difíciles contradicciones. Fue un cumulo de sentimientos encontrados. Por una parte estaba mi pareja, quien no se merecía tan vil traición, pero por otro lado estaba mi corazón que me arrastraba a la infidelidad. Mi pareja empezó a sospechar, empezaron los problemas, empezó la guerra al extremo que quiso destruir mi carrera. Pero por suerte no cedí a sus chantajes y hace dos meses aceptó dejarme libre.

Ya el elevador marcaba el piso 24. La elegante señora sacó un pañuelo de su bolso negro de piel y se secó las lágrimas que empezaban a asomarse a sus ojos.

― Pobre hombre. Me imagino por lo que debe estar pasando. No es fácil ver como la mujer de su vida se le escapa con otro hombre.

La elegante señora guardó el pañuelo y cuando la puerta del elevador se abrió soltó una ligera sonrisa que demostraba cierto nerviosismo.

― Más difícil fue para mí darme cuenta que mi realidad no era vivir con Adela y que mis preferencias sexuales habían tomado un rumbo equivocado. Nunca pensé que un hombre podría moverme el tapete como tú dices. Y mira, ya ves, aquí estoy sola para aprovechar estos días y planear lo que será mi nueva vida, en una nuevo contexto, con una nueva ilusión.

Moví el carrito hasta la habitación 2532 sin decir una palabra. Ahora me daba cuenta el porqué se había sorprendido por mi "felicitación por Adela". Bajé todo el equipaje al interior de la recámara y después de darme una jugosa propina, la flamante lesbiana arrepentida, se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla al tiempo que me decía:

― No pierdas tiempo y corre a decirle a tu enamorada que la amas. La vida es corta y el tiempo pasa muy rápido.

Otra vez Laura vino a mi mente. Y sin pensarlo dos veces saqué mi celular y le marqué a su número.

19 de Noviembre, 2007, 20:46: MIRACHEGeneral

Planta Baja

[Carlos A. Dueñas Aguado]

 

I

Mi nombre es Chebo, soy botones de un hotel y en mis tiempos libres, un escritor sin éxito, un escritor sin nombre, un escritor por el que las grandes editoras no se interesan. Pero no me importa. Mi pasión por escribir va más allá de cualquier ambición personal y aunque por ahora sea invisible para los comerciantes de talento y para todo el que me conoce, yo seguiré escribiendo porque gracias a este empleo, en el cual siempre llevo una sonrisa ―fruto de grandes propinas― y del que cotidianamente termino extenuado de usar el ascensor para subir y bajar infinidad de veces los 25 pisos del hotel, cargando maletas, maletines, carriolas, juegos de niños y hasta el más pesado de los perros que alguna caprichosa millonaria siempre lleva consigo, aún con todo esto, cuando llego a mi casa, me baño, ceno, atiendo algunas cuestiones importantes y me siento en mi barata portátil, para plasmar cada segundo de lo vivido a diario. Mi trabajo es una fuente inagotable de historias. Historias que cualquier escritor profesional pagaría lo que fuera para llevarlas al papel. No son capaces de imaginar lo que veo, lo que escucho y de todo aquello de lo que sin querer, me convierto en cómplice.

Estoy seguro que si alguna de mis amistades me ven en este empleo pondrán cara de asombro y se preguntarán ¿qué es lo que hago aquí?, pero esa es una historia muy larga, que prometo algún contar. Por ahora me limitaré a presentarme…

 

II

― ¿Qué edad tiene usted? ― Me preguntó el hombre regordete que fungía como director general del hotel.

¿A quién se le habrá ocurrido poner a este tipo en este cargo tan importante? Me imagino que lo hayan seleccionado porque debe tener mucho talento, porque si fuera por imagen este tipo espantaría a la clientela― pensaba mientras lo miraba fijo a los ojos.

― Tengo 25 años ― le respondí.

― Si yo fuera tu padre, de seguro no andarías por la vida sin haber estudiado y terminando de botones en un hotel. ¿No has pensado que con la edad que tienes, deberías hacer algo más productivo?

Sonreí y no le respondí. Me dieron ganas de mandarlo a chingar a su madre y salirme corriendo a buscar otro empleo. No hay cosa que odie más en la vida que este tipo de gente que se cree que es Dios y que tienen la verdad absoluta. Pero me contuve. Ni podía perder la posibilidad de obtener el trabajo, ni muchos menos, ponerme en mala con el jefe desde el primer día.

― ¿Qué estudiaste? ― volvió arremeter el regordete.

― Terminé la preparatoria y…― hice una pausa. La verdad no quería darle mucha explicación. ―… y pues, como acaba usted de decir hace unos segundos, no estudié nada y lo que quiero es trabajar. Necesito el dinero señor.

― ¡Ves lo que te digo! Esta juventud de hoy no sé que piensa en realidad. ¿Hasta cuando va a darse cuenta que el dinero no lo es todo en esta vida?

Me dieron ganas de gritarle que en efecto había hecho una carrera de administración de empresas y que si yo me lo proponía podría sustituirlo de ese puesto que ocupaba y que si estaba optando por el empleo de botones era porque sería la única manera que tendría de tener tiempo para dedicarme en realidad a lo que me gusta; escribir. Pero… ¿para qué entrar en contradicción con alguien así? Ese era mi secreto y nadie en el hotel jamás sabría mi verdadera profesión ni qué era en realidad lo que me gustaba hacer.

― Bueno, dígame, ¿me va a dar el empleo o no?

― En realidad hoy estás de suerte. Y no creas que te daré el empleo porque me caes bien, o porque eres un tipo bien parecido o porque en realidad soy un ejecutivo condescendiente con todo el que llega a buscar trabajo, quiero que te quede claro que te lo daré por esta carta de recomendación que traes del dueño de la cadena de hoteles, que me insiste que te eche la mano. 

― Gracias señor. Créame que le estoy infinitamente agradecido.

Y sin esperar a que siguiera echándome su sermón me puse de pie al tiempo que le preguntaba:

― ¿A dónde debo dirigirme a buscar mi uniforme?

No sé como lo hizo, pero justamente en el momento que terminaba yo de hablar, la puerta de su oficina se abrió y se asomó su asistente.

― Por favor, ¿puede usted seguirme para indicarle donde queda el almacén?

Nunca he entendido esa supuesta eficiencia de los altos ejecutivos. Pero por primera vez en todo la entrevista el regordete me había impresionado.

La asistente del director tenía más o menos mi edad. A ella sí que de seguro la había escogido el cabrón. Una rubia descomunal. Su cuerpo parecía una escultura perfectamente tallada, con una cara hermosa, tronco largo, cintura chica, caderas perfectamente marcadas, vientre liso y sin un asomo de grasa, y un trasero voluptuoso que se regocija orgulloso de saber que yo lo estaba contemplando. Sin dudas estaba demasiado apetecible para no imaginar que el regordete le debía estar haciendo la vida de cuadritos.

― Oye, dime una cosa… ¿Cómo soportas a este regordete prepotente? ― le pregunté mientras caminábamos por todo el pasillo de la planta baja rumbo al área de vestuarios.

― No me queda de otra, porque si pierdo este trabajo no sé que será de mí.

― Pero… perdón ¿Cómo te llamas?

― Laura.

 ― Laura, no se me hace justo que por mantener un trabajo haya que soportar a ese energúmeno.

― ¿Qué sabrás tú lo que es o no justo?

― ¿Por qué me dices eso?

― Porque por culpa de un hombre como tú, joven, atractivo pero inmaduro mi vida es lo que es… Y la verdad no sé porqué te cuento todo esto. ¿Qué sabrás tú de la vida?

― Laura… ― no pude decir nada más. Sentía una rabia interna que parecía devorarme. No sabía por qué una sensación extraña se apoderaba de mí. Quería saber que pasaba en realidad con Laura pero sólo estaba seguro de dos cosas. La primera, que algo grave y doloroso le había ocurrido y la segunda, estaba consciente que de su boca no escucharía nada.

Llegamos al almacén y Laura le entregó un papel con mis tallas a una señora ya entrada en edad y con cara de enojona. Luego se regresó a su oficina.

― Se ve que te impresionó ese bombón. ― dijo la voz áspera pero divertida de un hombre de unos treinta y tantos años que estaba sentado frente al mostrador del almacén. ― Mi nombre es Bartolo, pero todos me dicen el hombre araña. Soy el que limpia los cristales del hotel. Mucho gusto ― y me extendió su mano.

― Mi nombre es Chebo… ― respondí para mantener la cortesía y luego ataqué sin poder esconder el asombro que me provocaba el imaginarlo colgado desde lo alto del edificio.― dime algo… ¿Limpias todos los vidrios por fuera?

― Así merito güero, desde allá arriba se ve y se oye lo que no eres capaz de imaginarte.

― ¿Y no te da miedo?

― Güero, el miedo se pierde… y para decirte la verdad, hay cosas más peligrosas en este hotel que subirse a un andamio.

Sin dudas el hombre araña parecía de esos personajes que todo lo saben y a quien todo el mundo quiere. Tenía que sacar provecho de la coincidencia que nos había puesto en el camino.

―Oye entonces tú me puedes ayudar.― le dije mientras examinaba las ropas, que me entregaba la cara de ogro.

― Umm no sé porqué me estoy imaginando por donde vas güero. ¿te gusta la Laura?

― Bueno, digamos que hubo un “click” especial a primera vista… pero dime… ¿es soltera?

Tome la ropa y el hombre araña me jaló del brazo.

―Mejor vámonos de aquí que hay moros en la costa… ― dijo refiriéndose a la de cara seria.  Una vez fuera del almacén prosiguió. ― Oye güero, júrame que no vas a pensar que soy un chismoso, pero esto que te voy a contar, lo hago porque todo el mundo lo sabe. Para nadie en este hotel es un secreto que Laura es la amante del director general.

― Carajo, no sé porqué me lo imaginé.

Nos sentamos en una banca que estaba a la entrada del almacén. Bartolo se había entusiasmado por contarme el chisme. ― Sí, en realidad Laura es la amante de ese rufián. La tiene amenazada que si no se acuesta con él la corre de su empleo. Y mira, su salario es muy bueno, ella gana lo que no gana una secretaria común y eso es lo que ella es en realidad.

―Bartolo, ¿Cómo sabes todo eso?

―Ya te dije que no hay cosa en este hotel que Bartolo no sepa. El muy hijo de puta le creó una plaza de asistente para pagarle un salario más alto y la pobre, tiene que gratificarlo con “cuerpo-matico” ¿Si me entiendes?

― Sí.  Bartolo, ¿me imagino que también sepas todo lo que ese cabrón hace aquí en el hotel?

― Chebo si los dueños de este hotel supieran toda las tranzas que hace ese degenerado, de seguro no estuviera aquí de director general.

― Gracias Bartolo.

Ese día, a la hora de la comida aparenté coincidir con Bartolo y me contó mucha más cosas de las que hacía el director y conocí un poco más de la vida de Laura. Sin dudas, tenía material para mi primer escrito.

 

III

A las ocho de la noche llegué a mi casa. Había sido un día agotador, pero para ser el primer día de trabajo no había estado nada mal.

Tomé el teléfono y llamé a mi padre. Al otro lado su voz ronca y firme se dejó escuchar.

― ¿Qué buenas me tienes?

― Quería decirte que sí conseguí el empleo. ― le dije algo tembloroso.

― Eso no es noticia. Con la carta que te di, ese hijo de su puta madre no podía decirte que no.

― Papá… hay muchas cosas más de las que te imaginabas. Ese tipo además de ser un déspota con tus empleados, y un patán abusivo con su secretaria, te está robando a dos manos. Pero ya te enterarás con lujo de detalles en cuanto termine de escribir esta historia y te la mande por correo. ― Y sin dejarlo preguntar nada más colgué el teléfono.

Sonreí. Aunque sería una verdad que dolería mucho a mi padre, el haberlo convencido que me dejara entrar a uno de sus hoteles como un simple trabajador, para disponer de tiempo para hacer lo que me gusta, había cumplido su primer efecto. Al menos estaba tranquilo porque estaba cuidando sus espaldas.

Dos días después, el director regordete fue sustituido del cargo de director y expulsado de la cadena de hoteles de mi padre. Laura fue asignada a jefa del servicio de habitaciones.

11 de Noviembre, 2007, 21:56: MIRACHEGeneral

Y llegó el final.

[Carlos A. Dueñas Aguado]

 

Es absurdo no creer que el propio instinto del hombre, no les permita comprender la posibilidad de su extinción.

― ¡Es absurdo! ― gritó el más anciano de todos mientras con su puño daba un golpe en la enorme mesa redonda ― No puedo creer que el hombre pueda vivir confiado en que la posibilidad del fin de la Tierra esté condicionado sólo al choque con algún cometa, un asteroide, o por alguna invasión extraterrestre. Bajo este esquema las posibilidades del fin son mínimas. ¡Claro! No hay datos comprobables, no hay evidencias exactas de la existencia de alguna civilización fuera de la nuestra. ¡Carajo! Esto me molesta, me irrita, y me dan ganas de parar todo aquí mismo. ¡Ya estoy harto! Se ríen de todo y de todos. Nadie cree en las profecías, nadie piensa en eventos externos y hasta los minimizan  y lo que más me recondena que encima de ser incrédulos, no tienen conciencia de que ellos mismos son los que están acabando con el planeta.

― Señor, por favor, no se exalte tanto, le puede hacer daño. ― Lo interrumpió el que estaba sentado a su derecha.

― Gracias Simón. ¡Ok! vamos a lo nuestro. ¡Empecemos! ― Y dirigiéndose a Simón lo invitó a que fuera el primero en exponer. ― ¿Con cual religión empezarás?

― De acuerdo con el Hinduismo, la humanidad vive hoy la Era de Kali, sin dudas, un ciclo tenebroso y maligno en la que el hombre y la religión han llegado a su nivel máximo de degradación. En estas escrituras se cuenta que llegará el soldado Kalki cabalgando sobre un hermoso corcel blanco para acabar con la humanidad. Empezará por aquellos seres malos, corruptos e injustos, de los cuales tenemos demasiados, y hará arder todos los sembradíos, las ciudades hasta que todo el planeta esté en llamas. Luego acabará con todo el universo con el objetivo de volverlo a crear.

Simón hizo una señal de que había concluido y sin que nadie interrumpiera la ceremonia, Bartolomé tomó la palabra.

― Según el Zoroastrismo, la religión más antigua de las que se mantienen activas en la actualidad, diversas señales anunciarán el final de nuestras vidas: años sin sol, sequias en abundancia, hombres cada vez más bajos de estatura y más débiles. A esto seguirán terremotos y tormentas devastadoras. Una lucha entre el bien y el mal se verá reflejada en tres enormes batallas con ejércitos de ángeles y demonios y la humanidad quedará purificada cuando todo el planeta se haya fundido. En ese momento se iniciará una era de paz. ― y terminando esta ultima frase dejó caer el papel sobre la mesa, levantó la cabeza y su vista se clavó en Pedro.

― Yo quiero hablarles de la Cultura Maya. ― Hizo una pausa y bebió un poco de agua mientras su vista recorría a los presentes. ― En especial al calendario que lleva la llamada “Cuenta larga”. Según este calendario la vida se mide desde el principio de los tiempos hasta el último día de la humanidad. Esta fecha señala al 21 de diciembre del 2012 como el día del final. Un día muy especial. Según los astrónomos, en esa fecha el sol estará en un punto único del firmamento, en el cual se cruzan la Vía Láctea y el equinoccio galáctico formando una línea perfecta con el centro de la galaxia. Hay muchas versiones sobre lo ocurrirá ese día, pero yo me quedo con la de los Mayas, ese día será el último.

Pedro quedó sin aliento por unos segundos. El ambiente era tétrico y un profundo silencio los envolvió a todos. Tomás se puso de pie en posición solemne y empezó su discurso.

― Según el Ragnarok, versión vikinga del Apocalipsis, todo comenzará con un prolongado invierno de tres años, tiempo en el cual la humanidad entera permanecerá metida en sus casas y comenzarán a pelear entre sí. Y ahí aparecerá un enorme lobo que volará por el espacio y se devorará el Sol y después a la Luna. Luego se abrirá la Tierra y aparecerá Loki, el mayor exponente del mal para los vikingos. Se desatará una guerra total y todo el mundo arderá en llamas y la tierra será tragada por los océanos.

Cuando Tomás se sentó, el presidente de la mesa volvió a tomar la palabra.

― Señores, creo que llegó el momento de la votación. Todos tienen en sus manos una boleta con cada una de las profecías apocalípticas antes leídas. Somos trece presentes, así que no habrá posibilidad de empate para una primera decisión. ¿Acabamos con el mundo? ¿Sí o No? Y junto a esta respuesta marquen con que vía lo hacemos. El destino de la humanidad está en nuestras manos. Si la respuesta fuera No, habrá que reunirse una vez más para elegir cual será la solución para detener tanta destrucción. ― El anciano se puso de pie y apuntó. ― votemos y después de esta cena, que puede ser la última, contaremos los votos y sabremos que nos depara el destino.

Sus palabras encerraban lo difícil del momento. Los trece hombres ejercieron su voto y lo echaron a una urna que estaba en el centro de la mesa.

La cena fue un evento silente. Nadie se atrevió a abrir la boca, más que para llevarse los alimentos y el vino a la misma. Pasado media hora, y por ordenes del jefe, Tomás tomó las boletas y se las pasó al jefe…

Este las revisó una a una y después de un hondo suspiro cerró los ojos.

Tomás le preguntó con voz firme:

― Señor… ¿Cuál es la decisión?

A lo que Dios respondió:

― Avíensele a Kalki que prepare su corcel blanco. 

 

 

9 de Noviembre, 2007, 20:06: MIRACHEGeneral

Revista Camagua. Tienes que leerla.

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TE ESPERAMOS

Carlos Dueñas

Envie su correspondencia a Juan Ramón Martos, nuestro director general.

1 de Octubre, 2007, 13:25: MIRACHEGeneral

Corría el año 2400 y el planeta tierra estaba completamente desbastado. Los grandes glaciales habían desaparecidos y la temperatura superaba los 60 ºC. Ya no había capa de ozono y ni las cucarachas con su gran capacidad de adaptación habían podido sobrevivir.

Inmensamente preocupado, Dios se dispuso a reunir a su consejo celestial.

- Los he convocado con carácter de urgencia porque no podemos esperar a que ocurra el próximo Big Bang, ni esperar un nuevo ciclo del eterno retorno para corregir lo que hicimos mal desde un principio. Me siento realmente consternado. Confié en el hombre, le di poder, sabiduría, pero no puse límites a su ambición y miren las consecuencias. Ya no hay vida en el planeta.

San Pedro que lo escuchaba atentamente, pidió la palabra.

- Señor, creo que para próximos ciclos de vida, tenemos que pesar en un hombre menos cruel, en evitar que nazcan seres que tengan genes de dictadores, de asesinos, de ambiciosos. Tenemos que borrar ese formato que engendró hombres como Don Adolfo, Stalin, Somoza, Pinochet ni mucho menos como Bush.

- Estimado San Pedro, tu intención es buena, pero no me convence. Mi postura como gran creador es corregir los errores desde el fondo de la creación misma. Busquemos en la historia. Yo creé a Eva en el huerto de Edén como ayuda idónea de Adán, a partir de una costilla de éste. Le puse Eva, que en hebreo, significa "madre de los vivientes" o "dadora de vida" Pues empecemos por invertir estos papeles.

San Pedro quien no salía de su asombro. Pero esta vez prefirió quedarse callado.

Dios continuó con sus ideas.

- Después los mandé a fructificar y multiplicarse, llenar la Tierra y gobernarla. ¿Y qué hicieron? Pecar. ¿Y quien empezó con el pecado? Eva.

- Pero Señor, si su deseo es invertir la creación. ¿No cree que Adán no vaya a ahora a ser el primero en pecar? - preguntó uno de sus arcángeles.

- Déjame continuar por favor. Después pregunten lo que quieran. - Dios dio unos pasitos en círculo y continuó. - No entiendo, les di instrucciones de comer de todos los árboles del huerto, excepto del árbol de la ciencia del bien y del mal y del árbol de la vida; Pero… Eva no me hizo caso y se dejó llevar por el diablo vestido de serpiente, y vio que el árbol era bueno para comer, que era agradable a los ojos y codiciable para alcanzar la sabiduría, por lo que no sólo comió ella del fruto prohibido, sino que también se lo dio a Adán. - Dios hizo una pausa y miró a los presentes como indicándoles que en lo que iba a decir radicó su principal error - Ahí fue cuando les puse mi primer castigo; “Eva, tus embarazos y partos serán dolorosos y Adán deberás trabajar para comer” y acto seguido los eché del paraíso.

Nadie se atrevió hacer algún comentario. Dios estaba decidido a cambiar por completo su concepción de la creación.

- ¿Se recuerdan que por ahí apareció una leyenda que Eva no fue la primera mujer de Adán?

- Sí - respondieron todos a coro.

- Pues, quiero retomar esa historia. Haremos una mujer fuerte, pensante, dominante y que el hombre sea guiado por ella.

Y ante la incredulidad de los presentes, Dios hizo a la mujer y le dijo:

-No quiero que esta vez te llames Lilith como se cuenta por ahí. Tu nombre será Antonia que significa no aceptar mediocridades o posturas a medias, estarás hecha para unir la sensibilidad, la imaginación y la creatividad de una forma armoniosa. Aunque te advierto que corres el riesgo de no ser apreciada en todo tu valor intelectual debido a tu continua búsqueda de perfección. Pero necesito un mundo perfecto y esa es tu tarea.- Y arrancando una de las costillas de la recién creada, Dios hizo al hombre mientras sentenciaba -Tú ya no serás Adán. Ahora te llamarás Miguel. Significa en hebreo “¿Quién como Dios?” Así que aprovecha que no te estoy quitando todos los poderes.

Pero las sorpresas de los presente aún no terminaban. Una vez que Miguel abrió los ojos empezó a reírse a carcajadas y empezó a hablar como si fuera el creador.

- Haciendo honores a mi nombre, respetable señor, no creo que esta sea la solución ¿Te imaginas qué pasará en un mundo gobernado por mujeres? Tú eres hombre caray. No puede ser. No quieras eliminar al machismo por hacer un mundo mejor. No te olvides del feminismo extremista. ¿Te imaginas una mujer siendo el santo pontifico de la iglesia? Aprobarían los abortos a diestra y siniestra, o ¿Estados Unidos gobernado por una mujer? ¿Qué será de la nueva Roma sin la existencia de un César? ¿Te imaginas al César dominado por su esposa? ¿O a un Napoleón maricón?, ¿O a Stalin en un campo de concentración?, ¿O los ejércitos alemanes conquistando Europa con mujeres?, ¿Te imaginas a España conquistando a América con la Reina Isabel al frente de la niña, la pinta y la santa maría? No entiendo su decisión y no la apruebo. ¿Se imagina que pasaría si todo fuera al revés? ¿Juana de Arco no querría prenderle fuego al mundo entero? ¿Cleopatra no querría extender sus poderes por todo el planeta? ¿La Hilari mandaría a la silla eléctrica a la amante de su esposo? ¿La Gordillo en México no aspirará proclamarse presidente mientras viva? ¿O tendríamos a la Martha de presidenta en vez de su vaquero marido? Sepa señor que no estoy de acuerdo. -Exclamó.

Dios no respondió -aunque se quedó preocupado - y después de caminar por los jardines del Edén y tras unos minutos de cavilación, dibujó una sonrisa en sus labios. Los envió a una isla lejana y ahí los soltó completamente encuerados.

- Esta vez Dios no nos dio instrucciones… ni mandó castigos, ni nada - Dijo Antonia en un alemán casi perfecto. - Pero como yo salí primero, tú serás mi esclavo. Así que ve por un pescado.

- ¡Um pos no sé que habrá querido decir esta vieja! No la entiendo ni madres- exclamó Miguel con acento medio cubano mezclado con colombiano y puertoriqueño. - Pero siguiendo la rima de su frase, de seguro quiso decir… “Aquí si que hay pecado” Esto va a estar sabroso manito, sabroso.

Pero Miguel se encontró con otra gran sorpresa. Dios no había creado sólo a una mujer, sino que envió 15 mujeres más a la Isla por lo que el solitario representante del genero masculino, sin habérselo propuesto se convirtió en el galán más codiciado de la isla. Por razones obvias claro está.

Y así pasó el tiempo. Las mujeres se dedicaban a trabajar y a pensar. A Miguel lo nombraron el responsable de hacer crecer la población. Un simple cálculo hecho por Antonia determinó para Miguel un empleo muy sacrificado.

Si Miguel embarazaba a las 15 mujeres, en un año serian 32 habitantes, en dos años 48, en tres 64, en cuatro 80 y al sexto año superarían los 100 pobladores.
Miguel se dedicó por entero a su trabajo, por lo que se dedicó a tener sexo todos los días con una mujer diferente.

El último día del segundo mes, Antonia, preocupada al ver que todavía ninguna mujer mostraba síntomas de embarazo, convocó a todos a una junta. Media hora bastó para darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Miguel interrumpió dos veces la reunión por tener deseos de vomitar.

Para asombro de todas, Miguel estaba embarazado y para su desgracia, no sabía quien era la madre de su hijo.

- Nada bueno se vislumbraba para esta nueva variante de mundo.